Hiciste un plan y buscaste asegurarte que se cumpla, que nada salga mal y crees tener todo bajo control.
De repente, aparece un gasto inesperado, una enfermedad, una persona o situación que cambia todo y sentimos que algo se nos sale de control.
Buscamos tener el control porque eso nos hace sentir seguros y tranquilos, porque a nuestro cerebro no le gusta la incertidumbre. Las cosas que pasan de pronto, nuestro cerebro las interpreta como una amenaza a nuestra sobrevivencia.
Pero quizá la verdadera tranquilidad no consiste en controlar o tratar de controlar todo - lo cual en realidad es una ilusión- , sino más bien en aprender a responder con flexibilidad y autocompasión cuando las cosas no salen como esperamos.
Y aquí hay 2 palabras claves: Flexibilidad y Autocompasión
Flexibilidad : Para poder adaptarnos a aquellos imprevistos sin entrar en frustración . Es poder responder tomando en cuenta el escenario que tenemos por delante, sin estancarnos en lo que pudo haber sido o lo que queríamos. Esto nos lleva también a la resiliencia, que es esa capacidad de salir adelante de las situaciones difíciles, pero yo le agregaría no solo salir adelante, sino también más fortalecidos y habiendo aprendido de lo que pasó.
Si no aprendemos no hay evolución.
Autocompasión: La autocompasión no es tenerse lástima. Es tratarse con consideración, con la misma empatía y apoyo que le ofreceríamos a otra persona. Cuántas veces le decimos a otros: "no te preocupes" "ya buscarás otra forma de resolverlo" , pero cuando es a nosotras mismas cambiamos esa empatía y nos juzgamos muy duramente : "que tonta" " si lo hubiera previsto" "como no me di cuenta" etc.
Lo cierto es que no podemos controlar todo y hay que aprender a vivir con esto. De lo contrario la carga de estrés es altísima.
En mi experiencia las personas que quieren controlarlo todo, son las que más se estresan. No delegan, se llenan de cargas de otras personas, no confían en que hay otra forma de hacer las cosas y que otros lo pueden hacer y finalmente terminan agotados.
Por otra parte, irónicamente, quienes quieren controlar todo a pesar de que quieren sentir esa seguridad, lo que están mostrando es inseguridad y muchas veces ese control nunca es suficiente.
¿Qué sí podemos hacer? Tomar previsiones. No se trata de no planear o de no organizarse. Pero no hay que hacerlo desde la preocupación o intentando anticipar cada cada cosa que pueda pasar, porque entonces estamos viviendo en el futuro y no en el presente.
Quiero que te preguntes:
¿Estoy intentando controlar lo que no depende de mí?
¿Cuál es el precio que estoy pagando?
No necesitas tener el control de todo. Necesitas confiar en tu capacidad para enfrentar lo que venga.